Esta reconstrucción de la realidad que hacemos es inevitablemente un fenómeno que representa un grado de distanciamiento de la realidad objetiva, este distanciamiento es al que enriquece la cultura de las sociedades, puesto que en este distanciamiento se generan contenidos que expanden los contenidos semánticos que maneja determinada cultura. Es por esto que no veo de mala forma el cahuineo.
Además el inventar cosas durante el cahuineo es algo que no podemos, si no puede hacerlo el periodismo (que en Chile llega a niveles de distanciamientos obscenos) que se supone es una disciplina ampliamente referencial, menos se podría culpar a pobres mortales que sólo lo hacemos por diversión. Otra razón por la cual no podemos evitar inventar cosas cuando cahuineamos es por el funcionamiento por el cual interpretamos. Los seres humanos interpretamos poniendo en funcionamiento dos aspectos que se relacionan para construir nuestra interpretación. Uno de esos aspectos es nuestro saber cultural, saberes que son aludidos por los hechos que la realidad que estamos interpretando y que relacionamos en nuestras mentes. Hasta este momento no hay ninguna explicación para dar cuenta del chamulleo que hacemos cuando conversamos, sin embargo esta explicación se encuentra en el segundo elemento que entra en juego y que se denomina "abducción". La abducción es definida como una capacidad del ser humado de establecer hipótesis de los hechos mediante relaciones que no responden a ninguna lógica y que por lo tanto generan significados completamente nuevos, que se relacionan con la realidad de la que dan cuenta pero que agregan una visión personal de la persona que las reconstruye.Asi es posible explicar que las viejas del barrio no inventan cahuines sólo por su fascinación de complicarle la vida a las personas, sino que lo hacen por su innegable condición de ser humano. Con este razonamiento podemos también explicar el por qué todos somos en menor o mayor medida chamulleros. Mentir está en nuestra escencia y el disfrutar de hacerlo de forma franca es uno de los placeres que obstinadamente nos negamos.